
El Ministerio llevó al Interterritorial del miércoles los nuevos indicadores comunes, consultas, pruebas, quirófano y primaria bajo las mismas reglas. Galiciapress · el proyecto, por Sanidad
Os cuento cómo funciona la lista quirúrgica, que es la que sale en los titulares. El reloj arranca el día en que el médico indica la operación, y se para el día en que operan.
El propio Ministerio reconoce que cada comunidad interpreta los criterios a su manera. Las rendijas clásicas están documentadas. Reclasificar pacientes como «demora voluntaria» o «transitoriamente no programables», o incluso retrasar la inscripción en el registro. También parece que se tiende a concentrar actividad extraordinaria en vísperas del corte semestral, que es cuando se hace la foto.
Aunque el principal problema ocurre antes. Para entrar en la lista quirúrgica primero hay que pasar por varias consultas médicas y por las pruebas que confirman la operación, y toda esa espera previa no computa en el contador, que arranca de cero cuando ya lleva meses de camino. Con la salud mental pasa igual o peor, hoy nadie mide de forma común cuánto se espera por una consulta, y el proyecto por fin la incorpora.
Aquí, cada servicio de salud publica su cifra con su letra pequeña y nadie puede saber quién gestiona mejor una lista.
Un aspecto importante es que se quiere distinguir la espera clínicamente aceptable de la que no lo es, priorizar por gravedad y no solo por orden de llegada. Esperar cuarenta días por una catarata estable no es el mismo problema que por una sospecha de cáncer, y las listas actuales los suman como si lo fueran.
Es difícil saber qué ocurrirá y qué posición tomarán las CCAA. Hasta ahora, cada uno cuenta la feria según le va en ella.

Se confirma (de nuevo) la intuición. López-Casasnovas y su equipo de la Pompeu Fabra describen cómo el diagnóstico se paga en la privada y el tratamiento caro vuelve a lo público. Reconstruyeron las trayectorias de más de medio millón de contactos privados entre 2018 y 2023, y tras la prueba privada suben las hospitalizaciones del paciente en la sanidad pública, sobre todo el primer mes. El gasto público crece incluso más que el número de ingresos, es decir, cada caso que vuelve sale más caro que una hospitalización corriente porque son los más complejos.
La lectura incómoda es que este circuito lo alimenta la noticia anterior. Si la espera diagnóstica en la pública se alarga, quien puede pagar se salta la cola por fuera y reaparece en la ventanilla pública con el informe bajo el brazo, y el sistema acaba financiando la mitad cara de un circuito cuya mitad barata no controla. A eso le ponen nombre, dualizar el acceso, y significa que el tratamiento público acaba ordenado por quién puede pagarse el diagnóstico.
La serie de datos acaba en 2023. No creo que necesitemos un modelo predictivo para adivinar por dónde irá en el futuro.




